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El abrazo de un nuevo comienzo: 48 familias renacen en Ciudad Tiuna tras superar la adversidad

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Caracas.- Dejar atrás el hogar de toda una vida en cuestión de segundos, cuando la tierra se estremece, es una herida que solo la solidaridad puede empezar a sanar. Hoy, esa angustia que comenzó el pasado 24 de junio tras los devastadores terremotos empieza a transformarse en esperanza. Enmarcados en el plan Venezuela Renace, el Gobierno Nacional, a través del Ministerio del Poder Popular para Hábitat y Vivienda (MINHVI), entregó las llaves de su vivienda definitiva a 48 familias que lo perdieron todo, abriendo las puertas de un nuevo futuro en la Torre D12 del Sector Simón Bolívar, en el urbanismo Ciudad Tiuna.

Atrás quedan las noches de incertidumbre y el paso por los espacios de atención integral, como los campamentos transitorios instalados en la U.E.N. El Libertador (Chacao) y el C.E.I. Paula María Nieves. Allí, entre abrazos de contención, salud, nutrición y apoyo psicológico, el Estado tendió una mano amiga para recomponer las almas antes de reconstruir las paredes.

De las lágrimas a la gratitud

Para quienes vivieron en campamento, la respuesta no fue solo un Techo propio, sino una caricia al corazón. Anthony Ramírez, quien llegó desde La Guaira junto a tres generaciones de su familia —esposa, hijos, nieto y yerno—, no oculta la emoción que le quiebra la voz:

«Es un proceso cargado de emociones, porque todo fue muy rápido. Sentí una emoción enorme al saber que nos estaban garantizando un nuevo hogar… Uno lucha por tener su casa, para que la familia esté cómoda y tranquila. A las personas que están esperando les digo que nunca pierdan la fe. Estar vivos es motivo suficiente para seguir luchando».

Esa misma fe es la que movió a Ricardo Ramírez y a su madre, provenientes de la comunidad de Caribe. Reconstruir la rutina parecía una utopía lejana, pero el amor institucional acortó las distancias: «Hay momentos donde uno cree que las cosas no son posibles humanamente, pero retomar nuevamente la vida después de lo que pasó nos llena de felicidad. Esto representa una nueva oportunidad de vida. Doy fe y testimonio de que las promesas se están cumpliendo».

Saberse protegidos: sanar en comunidad

Volver a empezar desde cero implica superar el miedo. Denis Medina, refugiado junto a su esposa e hijos tras perder su hogar en Playa Grande, recuerda la experiencia aterradora del doblete sísmico. Sin embargo, resalta que el calor humano del campamento permitió que sus hijos perdieran el temor gracias a la atención psicológica y recreativa: «Normalmente uno asocia estar en un refugio con pasar necesidades, pero aquí el equipo ha sido maravilloso. Contar con un nuevo hogar significa muchísimo. Además, logramos consolidar una verdadera comunidad entre vecinos».

Para los más pequeños, la resiliencia se tradujo en juegos y compañerismo. Los hermanos Kenny y Kevin Medina, de 15 y 11 años, convirtieron las mesas de ping-pong y los desayunos compartidos en un refugio de alegría: «Nos sentimos bien de estar juntos aquí con nuestra familia. El mensaje que nos gustaría compartir es la importancia de permanecer siempre unidos».

Ese espíritu de fraternidad también lo abrazan Tomerlis y Tomás Gascón, quienes afirman que la vivencia les demostró el verdadero valor de la empatía: «A pesar del infortunio, la convivencia ha sido profundamente grata y acogedora. Nos garantización techo, alimentación, atención médica y afecto. Esta vivencia nos demuestra el valor de contar con un Estado presente en los momentos más difíciles».

El compromiso de un techo seguro

Bajo las políticas sociales de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, la entrega de estas 48 viviendas no representa únicamente la adjudicación de una infraestructura; es el símbolo del renacer de 48 historias familiares. El Ministerio del Poder Popular para Hábitat y Vivienda reafirma así su compromiso inquebrantable de seguir protegiendo a las familias venezolanas, transformando la adversidad en la calidez de un hogar digno, seguro y propio.

Prensa MINHVI / Gabriela Zabala