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Historias de resiliencia de las familias guaireñas adjudicadas en el sector Simón Rodríguez de Ciudad Tiuna

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Caracas. – El 24 de junio, con los fuertes terremotos que sacudieron al país a las 6:04 de la tarde, el suelo de La Guaira se fracturó. Para quienes vivían mirando al mar o pendientes de la crecida de las quebradas y ríos, el desastre no llegó en forma de lluvia como en diciembre de 1999, sino con el estremecimiento repentino de la tierra. Fue un crujido que trancó puertas, quebró paredes y dejó a miles de familias sin más patrimonio que la ropa a cuestas y la urgencia de salir con vida.

Hoy, el escenario es radicalmente distinto para varias de estas familias guaireñas. El eco de las olas ha sido sustituido por el verdor de las montañas del sur de Caracas. En el Urbanismo Ciudad Tiuna sector Simón Rodríguez, los pasillos huelen a pintura fresca y a una esperanza que todavía cuesta procesar.

“Me he pellizcado la piel como tres veces para ver si es un sueño” confiesa Lenin Fernández, dibujando una sonrisa mientras intenta convencerse de que la llave que sostiene en la mano es real.

El engaño piadoso y la sorpresa en El Valle

La travesía hasta este nuevo comienzo pasó por los escombros de la tragedia y la incertidumbre de un espacio temporal. Pese a ser atendidas en campamentos transitorios como el del Liceo José Ávalos, en la parroquia El Valle de Caracas, las familias vivían con la zozobra propia de quien lo ha perdido todo. La mente, exhausta, auguraba meses de permanencia en instancias de acogida.

Sin embargo, la rutina del campamento se rompió con una instrucción inusual, como la que recibió Nancy Medina: “Arréglense, porque vamos a una reunión”. Lo que parecía una asamblea informativa se transformó en un acto de adjudicación formal encabezado por la presidenta encargada del país, Delcy Rodríguez; el presidente de la Asamblea Nacional y jefe del Estado Mayor para los Campamentos Transitorios, Jorge Rodríguez; el vicepresidente sectorial para el Socialismo Social y Territorial, Héctor Rodríguez; y la ministra del Poder Popular para Hábitat y Vivienda, Paola Posani. En menos de dos meses desde los sismos, la promesa del Gobierno Nacional, a través del Registro Único de Vivienda, se materializó en una entrega inmediata de llaves.

Historias de sobrevivientes

Hay un relato de supervivencia detrás de cada puerta que se abrió por primera vez este martes 3 de agosto en el Urbanismo Simón Rodríguez:

El coraje de Nancy Medina: Para esta guaireña, los días oscuros dieron paso a la alegría en cuanto recorrió su nuevo hogar. Pasó de la zozobra dejada por el doblete sísmico a la calidez de una cocina blanca impecable, un área de estudio y dormitorios listos para sus hijos. “Esta llave no la suelto; hoy va a pasar todo el día en mis manos. Partimos (de La Guaira) con lágrimas en los ojos, pero hoy tenemos lágrimas de felicidad”, afirma emocionada, abriendo de par en par las puertas de su sala para quienes deseen visitarla.

La fe de Luisa Franco: Cuando la tierra comenzó a moverse, junto a su esposo Elpidio Noriega y los hijos de ambos, Osbel y Osmeiker, se enfrentó al peor de los escenarios: la puerta trancada y la imposibilidad de evacuar rápidamente a uno de sus hijos en silla de ruedas. Ante la imposibilidad de huir, se abrazaron y oraron. Tras la tormenta, no solo recibieron un techo seguro, sino también el apoyo logístico en el campamento transitorio del Liceo José Ávalos y una nueva silla de ruedas para su hijo.

La resiliencia de Jennifer González: Proveniente de Playa Grande, en Catia La Mar, esta mujer no oculta el asombro de tener una casa equipada en un lapso tan corto. “Perdimos familia y aquí estamos en lucha. Somos cuatro: mis dos hijos, mi esposo y yo. Todavía no se lo creen, pero a la gente le digo que tenga esperanza, que sí la hay”, manifestó.

Lágrimas de desahogo y la certeza de que la etapa de duelo empieza a dar paso a la reconstrucción familiar son algunas de las situaciones que se pueden percibir en las familias de Simón Rodríguez. Se evidencia así que de La Guaira aún queda el recuerdo del mar, el impacto de una tragedia implacable y el deseo de verla renacer; pero en Caracas, específicamente entre las torres de Fuerte Tiuna, comienza un nuevo capítulo de vida y la cordial invitación a tomarse un café en la casa de los beneficiarios.

Prensa Minhvi